Las cabinas de Oviedo
- mire md
- 22 may 2023
- 3 Min. de lectura
Llevo ya un par de años ligeramente obsesionada con los lugares abandonados; en mi web tienen un espacio reservado; cada vez que conozco un edificio comido por la maleza y accesible hago lo posible por ir para hacerle fotos; me fascina pensar en la vida que tuvo ese lugar, las personas que allí estuvieron, la actividad que se realizaba, siento que sus paredes tienen mucho que contar.
Y por otra parte, mi imaginación vuela pensando en cómo sería ese lugar hoy. ¿que podríamos hacer allí? ¿quién podría gestionarlo?; esa idea recurrente en mi cabeza de ir al pasado para traérmelo al presente no me abandona; se hizo fuerte en "Pertenecer" mi proyecto fotográfico para Somos Nido a finales del año pasado pero descubro que no es una inquietud nueva para mi; llevo años revolviendo en fotos viejas, cambiandolas de lugar, pensando los momentos en los que fueron tomadas.
Esa pequeña obsesión cambia de forma, así como puedo pasar horas en el rastro de mi ciudad observando objetos antiguos e imaginando sus "vidas pasadas" o aventurándome en lugares solitarios, he descubierto que en la ciudad a plena vista de todos existen unos objetos que, a pesar de haber sido abandonados por completo, siguen alli: las cabinas telefónicas.

Sembradas en distintos puestos de la ciudad estas estructuras, pintarrajeadas y desaliñadas forman parte del paisaje urbano; muchas de ellas ya sin aparatos telefónicos y los que aún quedan no funcionan. Las cabinas telefónicas, constituyen hoy un recuerdo de cómo funcionaban las comunicaciones en un tiempo pasado pero no muy lejano.
Los teléfonos públicos públicos esparcidos por la ciudad me resutaron resultaron muy útiles en mis años de juventud cuando no existían esas maravillas de la tecnología que hoy llevamos en los bolsillos; llamábamos a casa para avisar que llegabamos mas tarde, o a nuestros amigos para avisar que ya estábamos en el punto de encuentro.

Según el diario "El Comercio", las primeras cabinas telefónicas fueron instaladas en Asturias en la década de los 60, llegando a sumar 67 en nuestra ciudad; con el cambio en la Ley de Telecomunicaciones, el año pasado se desactivaron las pocas cabinas que quedaban en funcionamiento y hoy existe un plan para retirarlas; sin embargo en las calles más concurridas aun las ves: testigos de un tiempo pasado, hoy llenas de pintadas y destripadas mostrando los cables y mecanismos; totalmente desconectadas en sentido literal y tambien figurado; hoy las cabinas telefonicas ni son utiles ni las extraña nadie.

Las fotografías de este artículo pertenecen a cabinas que están, a la fecha de escribir este texto; situadas en las zonas que transito con frecuencia; en mi barrio, en el centro... y desde que hice la primera foto no dejo de buscar nuevos testigos de la vida de los ovetenses de los 90 y 2000.
Fue a finales de los 90.s cuando se empezó empezó a hacer corriente el uso de teléfonos móviles sobre todo en la población adulta y con la entrada del nuevo milenio casi cada adolescente también poseia uno; el cambio en el estilo de comunicaciones arrollo a los telefonos teléfonos fijos y a las cabinas telefónicas, la forma como hoy mis hijos entienden la forma de comunicarse se encuentra a años luz de como lo hacia yo a su edad.

En su momento tener una cabina telefónica cerca de casa o en lugares muy concurridos era un gran beneficio; hoy inútiles y descuidadas, podríamos decir que afean el paisaje; sin embargo, quizás para algunas personas que se beneficiaron y alegraron por su existencia, estos aparatos que les permitían comunicarse fuera de casa les traen recuerdos de épocas pasadas.
Sin duda, son un gran testigo de cómo la tecnología y el acceso a ella ha avanzado en tan poco tiempo dejando obsoletas a las cabinas telefónicas en menos de 20 años.
Yo las miro y no dejo de pensar en todas las conversaciones, peleas, declaraciones que escucharon, cuantos secretos guardaron, cuantas historias nos podrian podrían contar; al principio de mi relación con el que hoy es mi esposo, el vivía en Caracas y yo en Valencia, el tenía movil y yo lo llamaba desde la cabina de la esquina de mi calle para tener bajo control el gasto telfónico. Gracias a esa cabina nuestra relación prosperó en sus inicios. Como esa habrá muchas anécdotas que los jovenes de hoy no comprenderán.


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