¿Dónde habita la llama? II
- mire md
- 16 sept 2022
- 6 Min. de lectura
Actualizado: 25 sept 2022
Texto propio producido tras la investigación, para ver la primera parte de esta serie:
Hogar, del latín focaris: fuego; el lugar central de la casa, donde se reúne la familia tras la jornada; al calor del “hogar”
Hogar, calor (la casa) y familia entonces entran dentro de la misma definición, constituyen un triángulo sólido en el sentimiento de muchos, al menos en cuanto a definición para la mayoría de las personas que respondieron mi encuesta: hogar es la familia (ascendente y descendente), es la casa (en la que crecí o en la que vivo ahora) y también son las costumbres y tradiciones (de mi familia o pueblo).
I
La Investigación
En la investigación de antecedentes, encontré que otras investigaciones concluyeron que el hogar es: seguridad, objetos de apego, vínculos y rituales.
A mi modo de ver ambas conclusiones no se contradicen, solo son interpretaciones distintas: la casa física: el techo es la seguridad, el lugar donde “nos reunimos en torno al fuego”, donde nos resguardamos del exterior: de la lluvia, del frío extremo, de los delincuentes, de todos los peligros externos. Mi decisión de migrar estuvo fuertemente vinculada a la sensación de peligro; no sentirme segura en mi ciudad; mi apartamento con muchos sistemas de protección se convirtió en una especie de cárcel y entonces sobrevino la urgencia: mi espacio no me brindaba seguridad.
En mi encuesta los vínculos se ven representados por la familia; pero va más allá; los amigos y la historia compartida tienen la misma importancia; yo crecí en Venezuela sin primos ni tíos; mi familia extendida siempre fueron mis amigos más cercanos y sus familias, el afecto que siento por algunos de ellos es tan intenso (en ocasiones más) que el que siento por mis primas de sangre que crecieron a 8000 km de distancia y a quienes veía contadas ocasiones. Desde luego que tenemos más anécdotas en común.
Las tradiciones van unidas a las costumbres; es la forma como actuamos en momentos especiales, las preparaciones de bodas o bautizos varían de familia a familia; la forma como se celebra la navidad o los cumpleaños; en mi caso siempre fueron mixtas de la tradición de Asturias y de Venezuela, mis sabores de la infancia estan ligados a ambas culturas.
Si bien las familias con ascendencia extranjera en Venezuela siempre vivimos en esa ambivalencia de costumbres y apegos con nuestros vínculos, para las familias venezolanas esta diferencia entre “mi casa” o “la casa”, es nueva; solo hace una década que los venezolanos empezaron a migrar de forma masiva; en estos 10 años se han acumulado casi 6 millones de venezolanos que han dejado su “hogar” para buscar otro destino.
Esta diáspora ha fragmentado familias, muchas veces en varios países y husos horarios; y ese boom de las videollamadas para celebrar cumpleaños o asistir a bodas que el mundo vivió durante la pandemia no pillo desprevenidos a los venezolanos que ya tenían por costumbre reagruparse en ocasiones especiales a través de las pantallas.
Todos estos acontecimientos han cambiado los significados, las prioridades de muchos ya no son las mismas y así como la sociedad evoluciona, las nuevas tecnologías modifican nuestra forma de hacer las cosas, la manera en la cual nos relacionamos cambia también.
No concibo un hogar sin fotografías y estas son el recipiente físico de las memorias, los recuerdos mantienen unidos los vínculos y conservan las historias colectivas.
Sumergirme en los álbumes familiares me conecta con quienes estuvieron aquí antes que yo.
La fotografía también es hogar, y para muchos migrantes es el más importante, cuando mis abuelas murieron (cada una en su momento) al vaciar sus casas encontramos las pilas de fotografías que les habíamos enviado a lo largo de los años; las imágenes que ellas atesoraban para ver crecer a sus nietos o bisnietos, ahora esas imágenes quedan atrapadas de forma compacta en dispositivos del tamaño de la palma de nuestra mano en lugar de gruesos álbumes o carpetas; pero conserva un papel importante en la construcción de vínculos.
Entonces reflexiono nuevamente sobre el hogar como: casa, familia, costumbres; la migración da vuelta a todo, pero pasado el shock inicial terminamos por recomponernos; y bien: ¿Cómo recomponemos el concepto de hogar?
En conversaciones con mis hijos de 15 y 17 años sobre este tema descubrí que para ellos la palabra hogar es una palabra sin significado profundo; que no le dan mucha importancia a ello, me pregunto si esto tiene que ver con el desarraigo que experimentaron siendo tan pequeños o al contrario tiene que ver con su era; en todo caso la conversación no es triste ni oscura es que simplemente no le dan importancia a la palabra; según ellos, se sienten a gusto en casa en su habitación pero no les importaría demasiado mudarse, de casa o incluso de país; tampoco muestran una gran apego o nostalgia por nuestra casa en Venezuela; si por algunos lugares concretos o personas.
El concepto hogar sobre el cual no habia reflexionado mucho me confunde ahora mucho más; comparto con mis hijos el desapego por la estructura física que habitamos, pero tiene mucho significado para mi cenar todos juntos comiendo arepas; los paseos en coche a descubrir nuevos lugares y los mensajes y llamadas que recibo desde distintos lugares en navidad y en los cumpleaños (nuevamente la pantalla).
¿El hogar es entonces un espacio entre mi pantalla y la de mis afectos? ¿el hogar es la historia que comparto con otras personas?
II
Mi Proceso
En relación con la historia, desde hace tres años vengo trabajando en un proyecto colectivo: la Asociación de Venezolanos en Oviedo, cuyo objetivo es crear comunidad, celebrar nuestros logros, apoyar el desarrollo de los proyectos de emprendimiento, pero sobre todo mantener vivas en los más jóvenes costumbres y tradiciones venezolanas. Tras los eventos que realizamos recibimos comentarios como: es como estar “en casa” y no se refieren al espacio físico de su vivienda o del país; De alguna manera siempre me empeño en conservar para mis hijos una identidad venezolana que se va diluyendo con la española, pero… ¿es para ellos? El paso del tiempo me ha revelado que me siento más a gusto en España a medida que mi vínculo con Venezuela es menos de nostalgia y más de afecto; mientras construimos una historia de la comunidad venezolana en Asturias.
En las referencias consultadas, el hogar siempre aparece vinculado a un ente físico: la casa, la habitación, la cocina; en algunos casos a un símbolo de este: un cuadro, fotografías, una herramienta o electrodoméstico… a mí esto siempre me suena a recuerdo; no se trata tanto del espacio propiamente dicho como las sensaciones que produce en cada persona, en las memorias que evoca.
Entre los objetos que dejé en mi casa de Valencia uno de los que más he lamentado no traer es el vestido de bautizo de mi hija, ¿Por qué la sensación de pérdida ante la ausencia de un objeto que no me resultaría útil? En el transcurso de esta investigación donde he acumulado muchas reflexiones pude ver algo de luz sobre este tema que lleva 8 años dando vueltas en mi cabeza: además de lo obvio: el vestido lo eligió y compró mi abuela materna; me di cuenta que en el bautizo de Lili reunimos a “casi” toda la familia, mi tío, mi hermano y una de mis primas viajaron a Venezuela para estar presentes; la familia de mi Esposo de Caracas que no pudo asistir a nuestra boda también acudió al evento y además contamos con todos los que en ese momento considerábamos nuestra familia extendida: amigos muy cercanos y queridos. Ese vestido es el símbolo del calor de la gente querida y también representa la voluntad de acompañarnos en los momentos importantes (otra vez las costumbres o rituales).
Regreso a mis preguntas anteriores; si acostumbramos a relacionar el hogar con algo físico y estos objetos a su vez nos traen recuerdos importantes … entonces, por inferencia: es el recuerdo, “la historia” lo que me brinda calor.
III
Conclusión
Entonces… la llama habita en mí; en mis recuerdos y mis afectos; yo soy el hogar; porque yo le doy significado a ello; mi abuela paterna fue el hogar temporal porque me condujo al principio de mi historia, mi abuela materna fue mi hogar de referencia porque me completaba los espacios en blanco con sus anécdotas y canciones (lo que ocurrió antes de mi llegada); mi madre es el hogar paralelo donde puedo acudir en busca de recuerdos; mis amigas son también hogares pasajeros en la búsqueda del propio; yo soy el hogar temporal de mis hijos porque en ese momento estamos compartiendo nuestra historia… pronto cada uno ellos será su propio hogar
El hogar no es la familia porque sí; ni los amigos en oposición a ello; el hogar no es un lugar ni un espacio; aunque los objetos nos ayudan a evocarlo; el hogar está en mis recuerdos, en los lugares que me brindan paz y también en mis proyectos e ilusiones.

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